Sana Doctrina Contra la Apostasía
Calvino diría:
"La regla que
distingue entre una adoración pura y una adoración corrupta se aplica
universalmente, a fin de que no adoptemos ningún artificio o invención
que nos parezca apropiada, sino atender a los mandatos de Aquel que solo
tiene derecho en prescribir. Por lo tanto, si queremos que Él apruebe
nuestra adoración, esta regla (que Él impone por todas partes con una
máxima seriedad) debe guardarse con gran diligencia".
Cristo condenó con vehemencia el agregado de leyes hechas por el hombre y
los preceptos que se adicionaban a la Ley de Dios. Al condenarlos en el
versículo 15.4, lo hizo con gran enojo, ya que usó el verbo griego
"kakalogeo" (κακολογων) que significa llanamente "insultar".
Las
palabras en Mateo nos muestran que somos esclavizados a las reglas
humanas cuando en el culto nos alejamos de la Palabra y la voluntad de
Dios.
La adoración se hace vana, dice el texto, para describir que se
trata de una adoración fútil, sin sentido, ya que no honraba a Dios ni
los beneficiaba a ellos o a los demás hombres de manera alguna.
Mas aún, Calvino escribe sobre el versículo originario de Isaías 29:13:
"...pues quiere significar que sostener como regla los "mandamientos de
los hombres" y no la Palabra de Dios, es subvertir todo orden.
Pero es
la voluntad de Dios que nuestro temor y reverencia con el cual le
adoramos sea regulado por la regla de su palabra; y que no demanda nada
más que simplemente nuestra obediencia, mediante la cual nosotros y
nuestras acciones serán conformadas a la Palabra, y no nos desviaremos
hacia la derecha o la izquierda."
Luego sobre Mateo 15.9, Calvino escribe lo siguiente:
"Cristo declara que se equivocan quienes presentan, en la sala de la
doctrina, los mandamientos de los hombres, o que pretenden obtener de
ellos la regla para el culto a Dios".
Que sea entonces establecido como
principio, que ya que Dios estima la obediencia mas que los sacrificios
(1 Samuel 15:22-23), ningún tipo de culto ideado por los hombres gozará
de su estima, y aún más, como lo declara el profeta, serán declarados
malditos y detestables."
Debemos comprender que cuando el corazón del hombre se encuentra alejado
de Dios, la Palabra de Dios se cambia a favor de los “preceptos de
hombres”, o aquellas “tradiciones puramente humanas.”.
Los asuntos que
los hombres generalmente gozan y encuentran sagradas, nuestro Señor las
aborrece y rechaza. Comprender esto es comprender nuestra relación
frente a nuestro Dios infinito.
El Dr. Henry Sikkema
Se sabe del uso del árbol, adornado y venerado por los druidas de Europa
central, cuyas creencias giraban en torno a la sacralización de todos
los elementos de la naturaleza. Estos pueblos celebraban el cumpleaños
de uno de sus dioses adornando un árbol perenne, coincidiendo en
cercanía con la fecha de la Navidad cristiana.
El árbol tenía el nombre de Divino Idrasil (Árbol del Universo), en cuya
copa se hallaba el cielo, Asgard y el Valhalla; mientras que en las
raíces profundas se encontraba el infierno.
Cuando los primeros
cristianos llegaron al norte de Europa, descubrieron que sus habitantes
celebraban el nacimiento de Frey, dios del Sol la fertilidad, adornando
un árbol perenne, en la fecha próxima a la Navidad cristiana.
Este árbol
simbolizaba al árbol del Universo, llamado Yggdrasil, en cuya copa se
hallaba Asgard (la morada de los dioses) y el Valhalla (el palacio de
Odín); y en las raíces más profundas estaba Helheim (el reino de los
muertos).
Posteriormente con la evangelización de esos pueblos, los
cristianos tomaron la idea del árbol, para celebrar el nacimiento de
Cristo, pero cambiándole totalmente el significado.
Se dice que san Bonifacio (680-754), evangelizador de Alemania, tomó un
hacha y cortó un árbol que representaba al Yggdrasil (aunque también
pudo ser un árbol consagrado a Thor), y en su lugar plantó un pino, que
por ser perenne, simbolizó el amor de Dios, adornándolo con manzanas y
velas.
Las manzanas simbolizaban el pecado original y las tentaciones,
mientras que las velas representaban la luz de Jesucristo como luz del
mundo.
Conforme pasó el tiempo, las manzanas y las luces, se
transformaron en esferas y otros adornos.
fruto de la idolatría que Dios condena en su palabra.
Después se agregó la tradición de poner regalos para los niños bajo el
árbol, enviados por los Reyes Magos, Olentzero o Papá Noel qien no es
mas que el dios odim ( satanás)
engañando así a los niños y a los padres descuidados que no aman la verdad, desviando con estas falsedades a los mas pequeños.
En la Ginebra de Calvino uno podía ser multado o encarcelado por
celebrar la Navidad. Fue a solicitud de la Asamblea de Westminster que
el Parlamento inglés aprobó en 1664 un proyecto de ley prohibiendo la
observancia de la Navidad, llamándola un día festivo pagano.
En un
apéndice a su “Directorio para el Culto Público a Dios”, los teólogos de
Westminster dijeron: “En la Biblia no se ordena santificar ningún día
bajo el evangelio, excepto el día del Señor, que es el sábado cristiano.
Los días festivos, vulgarmente llamados ‘días santos’ [holy days], no
teniendo autorización en la palabra de Dios, no deben continuar”.
A esto se debe añadir que cuando los puritanos llegaron a América,
aprobaron leyes similares.
Los primeros habitantes de Nueva Inglaterra
trabajaron de firme todo el 25 de diciembre de 1620, en un calculado
descuido de ese día. Como 40 años más tarde, la Corte General de
Massachusetts decretó un castigo para los que observaran la festividad:
“… cualquiera que sea encontrado observando, mediante la abstinencia del
trabajo, o celebrando, o de cualquier otra forma, guardando
cualesquiera días como el Día de Navidad, deberá pagar cinco chelines
por cada una de estas faltas”.
No fue sino hasta el siglo 19 que la Navidad tuvo alguna importancia
religiosa en las iglesias protestantes. Todavía a finales de 1900, los
servicios navideños no se celebraban en las iglesias presbiterianas del
sur.
La Asamblea General de 1899 declaró: “En las Escrituras no hay
justificación para la observancia de la Navidad o la Pascua como días
festivos.
Más bien, ocurre lo contrario (véase Gál. 4:9-11; Col.
2:16-21), y tal observancia es contraria a los principios de la fe
reformada, conduce a un culto defectuoso, y no está en armonía con la
sencillez del evangelio de Cristo Jesús”.
“¿Cómo podemos inventar las cosas que a él le agradan mediante nuestra
naturaleza corrompida y nuestras mentes pequeñas? Aún cuando creemos
estar agradando a Dios, y no vemos nada malo en ello, Cristo nos dice
que estamos en un error. Debemos tener una base escritural para todos
los elementos de culto".