miércoles, 16 de octubre de 2013

Salvación: Estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan


Mateo

7:13 Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella;
7:14 porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.







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Nota de VCeI


Vivimos en una época de "Fast Food", queremos todo servido, queremos que algún líder, predicador o "ungido" nos muestre las verdades que unicamente encontraremos en La Biblia, en todo caso los hermanos están para exhortar, no para darnos palmaditas en el hombro, estamos para acompañarnos en tiempos difíciles, estamos todos para predicar, en nuestro trabajo, a los conocidos y también, algunos según los dones, para la necesaria predicación en la congregación, pero esa predica la debemos examinar a la luz de La Santa Palabra de Dios para que sea realmente de bendición, la gente le dice a cualquier cosa "amen", una barbaridad.

Desde los años 70s venimos viendo locura tras locura sin basamento Bíblico, algunos dándose cuenta de ello y mirando para otro lado porque es mas cómodo.




Estamos todos para actuar en función del cuerpo y no de alguna especial  característica que nos haga destacar por sobre los demás, ya sabemos muy bien en que termina todo eso, como ejemplo podemos ver el satánico movimiento de la prosperidad, que mas que prosperidad se trata de la mas baja pobreza moral, personas robando los diezmos y ofrendas de las congregaciones y viviendo a costa de pobres trabajadores, lideres destacándose en fotografías junto a la farándula infiltrada por los Jesuitas en pasquines pseudo-cristianos como "estrellas" de Hollywood, pero lo peor de todo,...distorsionando el verdadero Evangelio.

Estamos cansados de personalismos, de gente "con poder" -cuando no tienen ninguno-, solo fuegos artificiales y eso es todo...

Necesitamos que la verdadera Iglesia de Cristo se levante y denuncie la horrible cara de la mentira, sin miedos, con confianza en Dios y trabajando para lo que no estamos acostumbrados: El normal funcionamiento de Iglesia de Cristo, como la Iglesia primitiva supo ser.








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La Apostasía Final


"No te fíes de ningún nombre: ni siquiera de ti mismo"


La carne en la que tanto te glorías está a un paso de la corrupción inmunda. Tu alma redimida es la sal que te conserva, que evita que apestes. ¿Estás orgulloso de tu belleza? ¡Es vanidad de vanidades!

¿Cuánto tardará el tiempo en no hacer surcos en tu cara, o la enfermedad en cambiarte la piel hasta que tus amantes no quieran mirarte siquiera?

¿Te jactas de tu fuerza?

Tu brazo es carne que se atrofia cuando lo extiendes. Pronto la sangre caliente se helará en tus venas. El tuétano se te secará en los huesos, se encogerán tus tendones, y tus piernas se encorvarán bajo el peso de débil cuerpo.

Tal vez sea la inteligencia lo que más aprecias: la misma tumba que cubra tu cuerpo enterrará toda la sabiduría de tu carne. Tus buenas ideas acabarán en nada. Solo aquellos pensamientos que sean emanaciones santas del alma tendrán sentido más allá de la tumba.

Tal vez no esperas que te sostengan tu belleza, tu fuerza o tu sabiduría; puede que tengas la esperanza puesta en tu rango y alcurnia. Seas quien seas, eres un plebeyo hasta que nazcas de nuevo. La sangre que corre por tus venas es la misma que nazcas de nuevo. La sangre que corre por tus venas es la misma que la del mendigo callejero. Entramos y salimos del mundo todos iguales; así como nadie está hecho de una tierra más fina, tampoco se desintegra para formar un polvo más noble.

Siendo así la composición de toda carne, ¿por qué confiar en ningún hombre? No confíes en los príncipes: no pueden mantener su propia corona en la cabeza, ni la cabeza sobre los hombros. Tampoco confíes en los sabios, cuyas ideas tan a menudo se les vuelven en contra. La sabiduría carnal puede predecir lo que quiera, pero Dios es el que hace girar la rueda y saca adelante Su providencia.

Tampoco te fíes excesivamente de los dirigentes espirituales: también son humanos, y no infalibles. El error de un cristiano te puede hacer errar, y aunque él se arrepienta, puede que tú sigas adelante y te pierdas. No te fíes de ningún nombre: ni siquiera de ti mismo.

Proverbios 28: 26 dice: “El que confía en su propio corazón es necio”.


Fragmento tomado del libro “El cristiano con toda la armadura” de William Gurnall


Fuente: http://lafinalapostasia.blogspot.com.ar/2013/10/la-carne-en-la-que-tanto-te-glorias.html




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