sábado, 26 de marzo de 2016

Inclinados a Babilonia



Mensaje de Paz


Gén 12:1 Pero el SEÑOR había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu naturaleza, y de la casa de tu padre, a la tierra que yo te mostraré;
Gén 12:2 y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición.
Gén 12:3 Y bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.
Gén 12:4 Y se fue Abram, como el SEÑOR le dijo; y fue con él Lot; y era Abram de edad de setenta y cinco años cuando salió de Harán.
Gén 12:5 Y tomó Abram a Sarai su mujer, y a Lot hijo de su hermano, y toda su hacienda que habían ganado, y las almas que habían hecho en Harán, y salieron para ir a tierra de Canaán; y a tierra de Canaán llegaron.







Recordemos que Abram vivía en Ur de los caldeos, al oriente de la tierra prometida, y fue llamado a salir de su naturaleza y de la casa de su padre. Igual que Abram también somos llamados a emprender un viaje en pos del Señor, que precisamente consiste en dejar lo carnal, la imagen que llevamos del padre terrenal, para entonces llevar la imagen del celestial.


1Co 15:45 Así también está escrito: Fue hecho el primer hombre Adán en alma viviente; el postrer Adán, en Espíritu vivificante.
1Co 15:46 Mas lo espiritual no es primero, sino lo animal; luego lo espiritual.
1Co 15:47 El primer hombre, es de la tierra, terrenal; el segundo hombre es el Señor, del cielo.
1Co 15:48 Cual el terrenal, tales también los terrenales; y cual el celestial, tales también los celestiales.
1Co 15:49 Y como trajimos la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial.


Notemos pues que el camino de la naturaleza terrenal a la celestial es yendo de oriente a occidente; en el mismo sentido de la trayectoria del sol; pues así permaneceremos en la luz; mientras que si vamos en sentido contrario, en pos de lo terrenal y carnal, estaremos en oscuridad, permaneceremos en nuestra propia naturaleza corrupta.

Oriente tiene que ver con la sabiduría de este mundo, de la cual dice la Escritura que es terrenal y diabólica.


Stg 3:15 Porque esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino que es terrenal, animal, diabólica.


Veamos más acerca de esto en otros pasajes de la escritura:

El Señor le mostró a Ezequiel las abominaciones que su pueblo cometía en Su Casa.


Eze 8:16 Y me metió en el atrio de adentro de la Casa del SEÑOR; y he aquí junto a la entrada del Templo del SEÑOR, entre la entrada y el altar, como veinticinco varones, sus espaldas vueltas al Templo del SEÑOR y sus rostros al oriente, y se encorvaban al nacimiento del sol.
Eze 8:17 Y me dijo: ¿No has visto, hijo de hombre? ¿Es cosa liviana para la Casa de Judá hacer las abominaciones que hacen aquí? Después que han llenado la tierra de maldad, y se tornaron a irritarme, he aquí que ponen hedor a mis narices.


Hermanos, esto nos es solo de los tiempos de Ezequiel, hoy también muchos del pueblo del Señor están con sus espaldas vueltas al Señor, con sus rostros al oriente (allí es donde tienen puestas sus miradas, sus metas y sueños) e inclinándose, encorvándose al nacimiento del sol.

Están adorando y yendo en pos de la sabiduría de este mundo; con sus labios dicen amar al Señor, pero con sus hechos lo niegan, pues sus corazones aman la vanidad y buscan la mentira, las cosas del mundo. Recordemos que donde está nuestro tesoro está nuestro corazón. Pueblo del Señor que anda en pos de la invención de su propio corazón, buscando la comodidad de la carne.

No es sino que miremos en que se invierten el tiempo y los recursos; ¿no es acaso en conseguir sabiduría y títulos otorgados por el mundo, para así adquirir posesiones materiales en las cuales poner la confianza? ¿No es esto conformarse a este presente siglo malo y amar este mundo?

El Señor está diciendo que al hacer esto, al encorvarse a oriente, se está poniendo hedor a sus narices; no importa cuántos ritos religiosos cumplamos; si el corazón está apuntando a la meta errada, estaremos oliendo inmundo, no a Cristo.

El olor fragante a Cristo brota de la participación de la cruz, de Sus padecimientos, de un corazón quebrantado, del sacrificio y la ofrenda completamente quemada en el altar.

Recordemos que David sometido a los tratos y disciplina del Señor, se encontró en la cueva de Adulam con los afligidos y necesitados, con lo vil y menospreciado del mundo.

Pero hoy muchos no desean participar del vituperio y rechazo de Cristo por parte del mundo; por el contrario van en pos de la gloria del mundo y de los hombres que es vana y temporal; es decir hay amistad con el mundo, corazones adúlteros y fornicarios.

Otro pasaje bien interesante acerca del camino de oriente, se encuentra en Génesis capítulo 13:


Gén 13:5 Y asimismo Lot, que andaba con Abram, tenía ovejas, y vacas, y tiendas.
Gén 13:6 De tal manera que la tierra no los sufría para morar juntos; porque su hacienda era mucha, y no pudieron habitar juntos.
Gén 13:7 Y hubo contienda entre los pastores del ganado de Abram y los pastores del ganado de Lot; y el cananeo y el ferezeo habitaban entonces en la tierra.
Gén 13:8 Entonces Abram dijo a Lot: No haya ahora altercado entre mí y ti, entre mis pastores y los tuyos, porque somos hermanos.
Gén 13:9 ¿No está toda la tierra delante de ti? Yo te ruego que te apartes de mí. Si tú fueres a la mano izquierda, yo iré a la derecha; y si a la derecha, yo a la izquierda.
Gén 13:10 Y alzó Lot sus ojos, y vio toda la llanura del Jordán, que toda ella era de riego, antes que destruyese el SEÑOR a Sodoma, y a Gomorra, como un huerto del SEÑOR, como la tierra de Egipto entrando en Zoar.
Gén 13:11 Entonces Lot escogió para sí toda la llanura del Jordán; y se fue Lot al oriente, y se apartaron el uno del otro.


Notemos que Lot era de la familia de Abram, y había emprendido el viaje también para salir a la tierra de la promesa. Pues Lot es un tipo de un pueblo de Dios carnal, que aunque comenzó a caminar con el Señor, hay un momento en que regresa hacia el oriente; pues anda por vista, y no por fe como Abraham.


2Co 4:18 no mirando nosotros a lo que se ve, sino a lo que no se ve; porque lo que se ve, temporal es; mas lo que no se ve, eterno.

Heb 12:2 puestos los ojos en el Autor y Consumador de la fe, Jesús, el cual, habiéndole sido propuesto gozo, sufrió el madero, menospreciando la vergüenza, y fue sentado a la diestra de Dios.


Hermanos, estamos en un tiempo de SEPARACIÓN, como Lot se separó de Abraham, y se fue en pos de Sodoma, así ahora, muchos de la familia que comenzaron el viaje hacia Canaán, están yendo hacia oriente, a conformarse a este mundo, e invertir en las cosas del mundo.

Veamos lo que nos dice la escritura acerca de Sodoma:


Eze 16:49 He aquí que ésta fue la maldad de Sodoma tu hermana: soberbia, saciedad de pan, y abundancia de ociosidad tuvo ella y sus hijas; y no corroboró la mano del afligido y del menesteroso.


Cualquier parecido con la realidad es "pura coincidencia". Cuanto pueblo en Sodoma, con soberbia, saciedad de pan,  que no atienden la causa del Señor, que son las viudas, los huérfanos y a los necesitados. Según el Señor, en esto consiste la verdadera religión y  el verdadero ayuno.

Cristo quiere llevarnos a verdadera Libertad, al reposo y a amar como Él nos amó; y esto es para poner la vida por los hermanos; no para salvarla. De resto, cualquier cosa que hagamos es pura basura, es como címbalo que retiñe. Esto solo es posible en la Vida y naturaleza de Cristo; y esta se haya cruzando el Jordán (un tipo y figura de la muerte del yo, del viejo hombre), alejándonos del oriente.

Recordemos que dos tribus de Israel eligieron su heredad al oriente del Jordán; hoy también muchos hacen lo mismo y buscan su herencia en este mundo. Pero para los vencedores la herencia es el Señor; y no solo su herencia, sino también su posesión. Como Juan y Pedro, no poseen dinero, ni oro, pero lo tienen a Él.

Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, tocad y se os abrirá. Si es las cosas de arriba, se recibirá lo de arriba; pero para quienes han estado pidiendo, buscando y tocando por lo de abajo; pues el Señor les concederá las peticiones de su corazón; ya que se han encorvado al  oriente,  aunque dicen Señor, Señor.

Por último miremos lo que nos dice la escritura acerca de Babilonia (camino de oriente) en el libro de Génesis:


Gén 11:1 Toda la tierra hablaba la misma lengua y las mismas palabras.
Gén 11:2 Y aconteció que según iban hacia el oriente, hallaron una llanura en la tierra de Sinar, y se establecieron allí.
Gén 11:3 Y se dijeron unos a otros: Vamos, fabriquemos ladrillos y cozámoslos bien. Y usaron ladrillo en lugar de piedra, y asfalto en lugar de mezcla.
Gén 11:4 Y dijeron: Vamos, edifiquémonos una ciudad y una torre cuya cúspide llegue hasta los cielos, y hagámonos un nombre famoso, para que no seamos dispersados sobre la faz de toda la tierra.
Gén 11:5 Y el SEÑOR descendió para ver la ciudad y la torre que habían edificado los hijos de los hombres.
Gén 11:6 Y dijo el SEÑOR: He aquí, son un solo pueblo y todos ellos tienen la misma lengua. Y esto es lo que han comenzado a hacer, y ahora nada de lo que se propongan hacer les será imposible.
Gén 11:7 Vamos, bajemos y allí confundamos su lengua, para que nadie entienda el lenguaje del otro.
Gén 11:8 Así los dispersó el SEÑOR desde allí sobre la faz de toda la tierra, y dejaron de edificar la ciudad.
Gén 11:9 Por eso fue llamada Babel, porque allí confundió el SEÑOR la lengua de toda la tierra; y de allí los dispersó el SEÑOR sobre la faz de toda la tierra.


Vemos que Babilonia nace como resultado de que el hombre va hacia oriente, en sentido contrario a la voluntad del Señor, en contravía a la dirección del Espíritu, que es llevarnos a la Tierra de la Promesa muriendo a nosotros mismos.

Ahora, el propósito del hombre que va hacía oriente, es edificar una ciudad, la ciudad de la religión, Babilonia, hacer una torre que llegue al cielo y hacerse nombre. El hombre que sigue su propio camino, obrando en independencia y rebeldía a los propósitos y caminos del Señor, busca levantar una edificación, obra de sus manos, pretendiendo alcanzar el cielo; esto es lo que hace la religión, además de hacerse nombre para sí, no para el Señor. Hermanos donde se haga y se alabe nombre de hombre, allí es Babilonia; y como vemos, significa confusión.

Veamos como camino de oriente se habla el mismo lenguaje, no el lenguaje del espíritu del Señor, sino el de este mundo, de hacer según su propia voluntad.

Lo otro es que la religión de los hombres pretende edificar usando ladrillos; todos iguales, hechos con molde; dejando la manera en que el Señor edifica Su Casa que es por medio de piedras, de piedras vivas; cada una moldeada por el Señor para que esté en el lugar determinado por Él, y cumpliendo la tarea que Él desea.

Es por esto que el Señor sigue tocando la trompeta y diciendo a Su pueblo, a los que tienen oído para oír que salgan de Babilonia, de sus intentos de agradar en la carne, de sus esfuerzos por alcanzar el cielo a su manera; para ir en pos de Él, camino contrario a oriente,  gustando y participando de Su muerte en el Jordán, para así, y no de otra manera, heredar la promesa, participar de Su Santidad y Justicia, que es ya no vivo yo, sino, Cristo vive en mí.







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