miércoles, 26 de octubre de 2016

El Reino de Dios vs. El Socialismo



Albatrus






Por Socialismo, nos referimos a las siguientes definiciones:

  • Una teoría política que propugna que el Estado debe ser el dueño de la industria y el capital.
  • Cualquier filosofía política que apoye la igualdad social y económica, el colectivismo y el control público del capital productivo y los recursos naturales, tal como proponen los socialistas.
  • Las filosofías políticas socialistas, como un todo, incluido el Marxismo, el socialismo libertario, el socialismo democrático y la social democracia (Leninismo).
  • Una estrategia en la que el Estado tiene el control de todas las industrias productoras de recursos de primera necesidad y gestiona la mayoría de los aspectos del mercado, en contraste con el capitalismo de laissez faire.
  • Cualquier teoría política y económica que abogue por la propiedad colectiva o gubernamental y la administración de los medios de producción y distribución de los bienes.
  • Un sistema de la sociedad o cualquier grupo en el que no exista la propiedad privada.
  • Un sistema o condición de la sociedad en el que los medios de producción son propiedad del Estado y controlados por él.
  • Una etapa de la sociedad en la teoría Marxista que corresponde a la transición entre el capitalismo y el comunismo y es caracterizada por la implementación imperfecta de principios colectivistas.


Hoy, somos testigos de un resurgir de la ideología socialista radical en el gobierno, incluyendo a los activistas radicales en los diferentes congresos, el poder judicial, los sindicatos, gremios de maestros, universidades y numerosas posiciones en el propio gobierno, incluida la Presidencia. Los argumentos del socialismo (ayudas sociales, atención médica universal y gratuita, regulación e impuestos a los negocios, ataques a “los ricos”, etc.) están resonando en toda América y Europa como nunca antes.

La mayoría de los cristianos no son conscientes de que los argumentos del socialismo y los subsidios del Estado son nada más y nada menos que la antigua visión pagana del Estado forjado por las llamas del culto de adoración a Moloc, que terminaba con sacrificios humanos y esclavitud a los deseos del gobernante. Peor aún, muchos líderes cristianos llaman a apoyar el socialismo, presentado bajo el disfraz de ciertas virtudes cristianas, como la ayuda a los pobres y necesitados. Algunos líderes han trabajado duro para encontrar apoyo bíblico en que el Estado le robe a unos y le dé a otros. Los cristianos deben aprender a discernir ésta retórica desviada y exponer a los lobos que se visten como ovejas y que persuaden a los cristianos hacia el estatismo utilizando un lenguaje cristiano y pasajes bíblicos.

Los cristianos deben confrontar a los lobos, mientras responden al socialismo con argumentos bíblicos. Las respuestas para el socialismo son: “El Rey no es Dios” y “No robarás”. Si los cristianos no refutan de manera activa éstos principios de gobierno, ley y economía, entonces nos acercaremos cada vez más a la visión socialista de la sociedad. Tendremos más de Marx que de Moisés, más de Trotsky que de Cristo.

Una crítica bíblica del socialismo amplía las lecciones aprendidas en el Jardín del Edén. Satanás pregunta, “¿Conque Dios os dijo…?” (Gén. 3:1). Eva ponderó la pregunta de Satanás, reflexionó sobre los méritos de su punto de vista frente al mandamiento de Dios. Al hacer eso, ella había perdido el debate. Ella se constituyó como juez sobre la Palabra de Dios y, por lo tanto, sobre Dios. Solamente por cuestionar la palabra de Dios al respecto, Satanás sembró la semilla de la ruina humanista de la raza humana. Por unirse a él en éste asunto, Eva aseguró dicha ruina.

La única vía para reparar esta ruina es a través de la obediencia a Jesucristo. Éste camino requiere que nos volvamos a la Palabra de Dios y reconstruyamos nuestras vidas, nuestras familias, Iglesias, Estados y el orden social, basado en el modelo de vida que Dios ha revelado. La elección entre Dios y el Socialismo es la misma que entre Dios y Satanás. Una lleva al paraíso, la otra guía al engaño y al infierno. Es Dios contra el Socialismo, puedes estar seguro de eso.

Es interesante notar que dos de los hombres más malvados del siglo pasado, los cuáles son considerados de extrema derecha en el espectro político, fueron, de hecho, socialistas:

Adolf Hitler fue miembro del Partido Obrero Alemán, cuyo nombre fue cambiado por el mismo Hitler, tiempo después, con el fin de incluir el término Nacional Socialista. A pesar de que el nombre completo era Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (Nationalsozialistische Deutsche Arbeiterpartei, o NSDAP), era abreviado como Nazi. El notorio símbolo de su bandera, la esvástica, fue deliberadamente movida 45 grados de manera horizontal y siempre orientada en dirección a la S (la S giratoria en apoyo al Socialismo). Los miembros del NSDAP se hicieron llamar a sí mismos ‘Socialistas’ y no ‘Nazis’, y aquella fuerza brutal e infame, la SS, usaba las mismas iniciales que el Socialismo.

Benito Musolini fue un socialista. Él fue el líder del Partido Socialista de Italia. Como muchos políticos modernos, Musolini fue socialista y periodista. Ya durante la Primera Guerra Mundial, Musolini era líder socialista y un escritor muy bien conocido. Tomó prestado de manera profusa, mucho del simbolismo de los Socialistas Americanos. Él fundó el partido “Fasci di Combattimento” (Fascista Revolucionario) que, eventualmente, se convertiría en el Partido Nacional Fascista, por lo tanto, daría forma al término “Fascismo”. Es interesante notar que Musolini se consideró a si mismo durante toda su vida, un Socialista.

La diferencia básica entre el Socialismo y el Cristianismo es que el primero es optimista respecto a la naturaleza humana. Sostiene que, a pesar de ser corrompidas por el capitalismo explotador, las personas son inherentemente buenas. En su estado natural, sin dicha corrupción, las personas cooperarán y funcionarán voluntariamente con el objetivo de alcanzar el bien común. Por el contrario, el cristianismo no puede estar de acuerdo con la afirmación fundamental de que la naturaleza humana caída es básicamente buena, ni con la creencia de que es prácticamente perfectible por la ingeniería social. Los cristianos no ubicamos la fuente del mal en la explotación económica, sino en el rechazo del hombre a Dios. Insistimos en que la naturaleza caída del hombre es la causa de la explotación económica y no al revés. Los cristianos tampoco aceptamos como correcta la idea de que la centralidad del estudio apropiado de la naturaleza del hombre debe estar enfocada en la economía.

Muchos cristianos creemos que los socialistas malinterpretan fundamentalmente la naturaleza humana. En su estado caído la naturaleza de los seres humanos no necesariamente está orientada a ayudar los demás ni a preocuparse por el bien común de la sociedad. (Gén. 6:5).

Los cristianos también rechazamos cualquier implicación de que la clase trabajadora es moralmente superior a otros grupos. Muchos cristianos también afirmamos que la prescripción socialista del desarrollo social, impide la iniciativa individual y, por tanto, está condenada al fracaso.

Esencialmente, el cristianismo está centrado en Dios (Teocéntrico). Mientras que el socialismo está centrado en el hombre (Antropocéntico) y éstos no pueden reconciliarse. De hecho, Cristiano Socialista es un nombre inapropiado ya que es algo que no puede existir de manera coherente.

La diferencia más grande entre las afirmaciones del socialista típico y la enseñanza cristiana es el fuerte rechazo del concepto del alma, de la esfera de lo sobrenatural y de la necesidad de la salvación humana enraizada en Dios. Los socialistas asumen y declaran que toda la realidad es meramente material.

Éste concepto de negación de Dios y el alma es un callejón peligroso para cualquier creyente y por ésta razón un cristiano no puede ser un verdadero socialista, bajo ninguna circunstancia.

El socialista tiene, además, el concepto de Democracia (el pueblo se gobierna por sí mismo) acoplado con el igualitarismo, los cuales no son principios divinos, porque en ellos, Dios está fuera de la foto. Por el contrario, la realidad cristiana consiste en que, en el Reino, todos están completamente sometidos a Dios y a Su Santa voluntad, la cuál todos realizan voluntariamente y todos, grandes y pequeños, son como Dios los ha creado. (Ap. 19:5).

El Cristianismo y el Socialismo explican el mal en forma diferente, postulan diferentes soluciones a la depravación humana y, en general, tienen diferentes prioridades e ideales. En pocas palabras, ambos son diametralmente opuestos e irreconciliables.

Ésto no quiere decir que el Capitalismo extremo es aceptado en el Reino, porque éste principio es codicioso y tiende a ser malvado al tener una actitud indiferente para con las personas menos afortunadas, incluso al guardarse las cosas para si mismos al punto de no dar lo que es justo: “Pues la Escritura dice: No pondrás bozal al buey que trilla; y: digno es el obrero de su salario”. (Deut. 25:4; 1Ti 5:18). Sin embargo, Dios le permite a las personas el poseer su propiedad privada, como lo certifica el décimo mandamiento: “No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo“. (Éx. 20:17).

Por otro lado, el Socialismo tiene la tendencia de apoyar a aquellas personas que no quieren trabajar, y ese tampoco es un principio del Reino, según muestra la Escritura: “Porque también cuando estábamos con vosotros, os ordenábamos esto: Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma“. (2 Tes. 3:10).

El Socialismo no puede ser compatible con el Cristianismo. Éste está, de hecho, en contradicción con las enseñanzas del Cristianismo. El Socialismo está determinado para proveer igualdad y ayuda social a través de la intervención del gobierno. La idea es que el gobierno debe ocuparse de cada aspecto de la vida, desde salarios justos hasta servicio médico para los pobres. El Cristianismo, según la dirección de Jesús, enseña que depende de las personas, de manera individual, el ocuparse de las necesidades de los demás (1 Tim. 5:8). Por ésto es que son incompatibles. El Socialismo predica la responsabilidad del gobierno, por coacción y el Cristianismo predica la responsabilidad individual, por amor.

En los primeros días del Cristianismo, la vida comunal era evidente. La Escritura enseña que todos vivían en armonía y tenían todas las cosas en común, en aquél entonces, aquellos que tenían usaban su excedente para ocuparse de los necesitados, según su necesidad. Ésto no significa que todos eran iguales, o que todos los que tuviesen medios, debían partirlos en partes iguales con los que no tenían (como señala el Socialismo), sino que ellos proveían para las necesidades de aquellos que no podían sostenerse por sí mismos. 

Pero esto en ningún sentido quiere decir que ellos simplemente daban a los pobres, sin requerir que ellos hicieran el intento de sostenerse a sí mismos, en vez de eso, se esperaba de ellos que trabajasen y proveyesen lo que pudieran para sí mismos, como se muestra en 2 Tes. 3:10.

El Socialismo es la antítesis del Cristianismo. Éste espera que todos tomen lo que tienen y lo distribuyan a aquellos que tienen menos, independientemente de su necesidad o sus intenciones de cubrirlas por sí mismos, promoviendo la holgazanería y premiando a aquellos que no quieren trabajar. Por otra parte ésta redistribución forzada va en contra de las mismas enseñanzas de Cristo, quien predicó acerca del compartir en amor y armonía.

Nuestra sociedad occidental ha perdido su espíritu Cristiano, por ello somos como un barco sin timón y por lo tanto somos atraídos por los socialistas que anuncian que la mayor forma de bien en el mundo es el control ubicuo del gobierno democrático. De ese modo, niegan a Dios y así violentan el propio fundamento de la enseñanza Cristiana.

Reiterándolo de nuevo, el Socialismo y el Cristianismo son irreconciliables. Uno está basado en la filosofía ateísta encontrada en el Manifiesto Comunista; el otro está fundamentado en la deidad de Jesucristo y Su Palabra.

Aquellos que no creen que el Socialismo está incluido en el Manifiesto Comunista, solo deben prestar atención a aquél famoso comunista llamado Frederick Engels, quien declaró que el Manifiesto Comunista “Es, sin duda, la obra más extendida, la producción más internacional de toda la literatura socialista, la plataforma común reconocida por millones de proletarios desde Siberia hasta California”. Éste Manifiesto fue co-escrito por Engels, junto a Karl Marx.

Es imposible para un verdadero Cristiano el ser socialista o para un verdadero socialista, ser Cristiano. Sin embargo, los socialistas han torcido hábilmente las escrituras con el fin de hacer que su filosofía materialista parezca Cristiana. Como Marx explicó (de manera malinterpretada) en el Manifiesto Comunista: “Nada es más sencillo que darle un tinte Socialista al ascetismo Cristiano. ¿No ha declamado el cristianismo contra la propiedad privada, contra el matrimonio y contra el Estado? ¿No ha predicado, en su lugar, la caridad y la pobreza, el celibato y la mortificación de la carne, la vida monástica y la iglesia madre?”

Por supuesto, aquí Marx se estaba refiriendo a la Iglesia Católica, que ha hecho una simbiosis entre las religiones paganas y el Cristianismo, por ejemplo, en cuanto al matrimonio (1 Ti. 4:1-3) y, por lo tanto, no es el verdadero cristianismo bíblico.

Socialismo significa control económico de las personas por parte del gobierno. En un país Socialista, el Estado es todopoderoso. Dicho Estado todopoderoso se ve a sí mismo y no a Dios (el cuál es negado), como la ultima autoridad. No es sorprendente, por lo tanto, que el Manifiesto Comunista llame a abolir a la familia, el matrimonio, los países, la religión así como la propiedad privada. Bajo el sistema Socialista, el Estado determina qué está bien y qué está mal, sin ninguna lealtad respecto a Dios, la familia o el país¹. Hemos visto ocurrir ésto en nuestros países durante los últimos 50 años y continúa.


Conclusión

El Socialismo cree en una sociedad secular que invalida la moralidad bíblica, el consejo bíblico, la sabiduría bíblica, en pocas palabras, anula a Cristo y a Dios.

Los cristianos creemos que Cristo es vital para la vida y la felicidad. Creemos en la Palabra de Dios. Creemos que Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra”. (2 Tim. 3:16-17). El Socialismo rechazaría categóricamente ésta creencia como una necedad y como algo peligrosamente opuesto a su sociedad utópica (1 Cor. 2:14).
Por lo tanto, concluimos con absoluta certeza que el Socialismo está diametralmente opuesto al Cristianismo y que no tiene parte en el Reino de Dios y de igual modo aquellos que se adhieren a este sistema impío.

La regla social del Reino es: … de gracia recibisteis, dad de gracia (Mat. 10:8). No por coerción. El hecho de la vida es que nada nos pertenece, sino que todas las cosas buenas son concedidas por Dios como Él quiere y a quien quiere y hemos de ser buenos administradores de lo que Él nos da mientras que estamos en esta tierra, sin alardear de nuestros logros insignificantes: “Porque ¿quién te distingue? ¿o qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras recibido?” (1 Cor. 4:7).







Referencias:

¹ Buenos ejemplos de países socialistas, en los que se vulneran y limitan las libertades individuales, los valores naturales inherentes a la familia, el trabajo, la propiedad y se violan constantemente los derechos fundamentales a la vida, la libertad y la propiedad privada de los ciudadanos, convirtiéndolos en esclavos al servicio del gobernante de turno, lo tenemos en Venezuela, Cuba y Corea del Norte como ejemplos crudos de la realidad Socialista. Es impensable, además, ver a un cristiano defender la ideología que causa la muerte de sus hermanos desde hace más de un siglo, de las formas más horribles e indecibles.








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