jueves, 5 de marzo de 2015

Discernir entre Orar y Actuar



Discernir


A menudo recibimos circulares de oración, o información en redes sociales, que alertan para que el pueblo de Dios ore porque en el parlamento de su país se va a votar la ley de "matrimonio" homosexual o el aborto libre al día siguiente.
 



Es triste ver que el pueblo que se llama "de Dios" no aprende a discernir las cosas desde la perspectiva del Reino de Dios.

Una de las cosas que no se tienen en cuenta es que el Señor de la Iglesia es el Señor Jesús. Esto parece una obviedad, pero es una de las cosas menos recordadas por los que se dicen cristianos, pero que toman decisiones según su propio señorío personal.

Eso quiere decir que si Jesús es el Señor, hay que estar atentos a Sus órdenes.

Jesús dio una sola orden a Su Iglesia. Nunca está de más recordarla: "Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura." (Marcos 16:15)

De todos es sabido que falta muy poco tiempo para que el Señor Jesús vuelva a esta Tierra y dé comienzo a una nueva etapa en Su reinado.

Una de las señales de Su inminente venida fue la multiplicación de falsos ministros y la consecuente proliferación de falsas doctrinas. También dice la Biblia que los cristianos son aquellos que guardan Su Palabra.

"Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos". (Juan 8:31) "A los discípulos se les llamó cristianos por primera vez en Antioquía." (Hechos 1:26)

Es decir, no se puede ser discípulo de Cristo, o cristiano, si no se permanece en Su Palabra. No se puede estar en un reino y no obedecer al rey. No se puede tener al Salvador pero no al Señor.

Eso es lo que ha pasado con una enorme masa de gente que se dice cristiana o pueblo de Dios: se ha desviado de la obediencia a Cristo y no ha permanecido en Su Palabra.

Muchísimos se han distraído de la orden que dio el Señor de la Iglesia y cambiaron la predicación de la Palabra por hacer "batallas espirituales", "escuelas de profetas", "cumbres estratégicas de alto nivel", "encumbramiento de apóstoles y profetas", etc.

Pero, ¿es que no estamos en batalla espiritual o no hay entre nosotros profetas y apóstoles?

Claro que estamos en una guerra espiritual constante y lógicamente siguen existiendo profetas y apóstoles.
Pero se han tergiversado las cosas y, mientras que servir como profeta o apóstol no debería tener mayor relevancia, se ha hecho de eso un objeto de culto, estudio, congresos, etc. Mientras, se ha perdido el enfoque sobre predicar el Evangelio.

En cuanto a la batalla espiritual, justamente predicar el Evangelio es la estrategia clave para la batalla espiritual. Un ejemplo de ello es que en Éfeso los discípulos predicaron el Evangelio y, como la gente se convirtió, empezó a quemar los libros de brujería. Como consecuencia, dejaron el culto a Diana y el negocio de los plateros casi se vino abajo.

Los discípulos no fueron al templo de Diana a tirar aceite, sal o hacer conjuros, sino que sencillamente predicaron el Evangelio y la gente se convirtió, abandonando así la idolatría. Eso es batalla espiritual en toda regla, tal como la mandó hacer el Señor Jesús.

Ahora, volviendo al "matrimonio" homosexual o el aborto.

Aunque trataré esos temas en otros artículos, me voy a centrar ahora en la aprobación de leyes que legalizan esas prácticas abominables.

El momento para actuar contra esas cosas no es el día antes de que la ley sea aprobada, sino mucho antes.
Si la Iglesia de Cristo se hubiera centrado en predicar el Evangelio y mostrar el poder de Dios por las señales que siguen a los que creen, el pueblo se hubiera arrepentido de sus pecados y tendría temor de Dios.

Un pueblo que tiene temor de Dios no demanda leyes que legalicen la práctica del pecado. Los políticos y legisladores hacen las leyes de acuerdo a los deseos de sus votantes. Si la mayoría de votantes quiere sentirse bien con su pecado y para ello necesita la justificación de una ley, entonces el legislador legisla en ese sentido, porque así le seguirán votando.

Por lo tanto, cuando una ley de ese tipo está a punto de ser aprobada, la Iglesia ya ha perdido el tren.

¿Es inútil, por lo tanto, orar al respecto?

Pues, probablemente sí.

¿No se puede hacer nada, entonces?

Sí. Pero es tiempo de actuar y no de orar. Si acaso, debemos orar para que el Espíritu Santo nos de la sabiduría y oportunidad para predicar. La orden del Señor Jesús es que prediquemos el Evangelio a toda criatura. El arrepentimiento por el pecado es el único que lleva a la persona a dejar de practicar el pecado. Si queremos combatir el pecado, sólo hay un camino: predicar el Evangelio.

Hay que saber discernir cuándo es momento de orar y cuándo es el momento de actuar.

Orar está bien, pero Dios no va a hacer "magia potagia" para que los legisladores cambien la forma de pensar a última hora y decidan votar en contra de esas leyes.

Ellos no van a cambiar de meta: conquistar votantes, por arte de magia. Los votantes tampoco cambiarán de meta: justificar su depravación, si no sienten un profundo arrepentimiento.

Seamos sabios, pero más que sabios, obedientes.

Salomón era sabio, pero se perdió porque desobedeció.

La obediencia trae bendición y prosperidad: "Acontecerá que si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, para guardar y poner por obra todos sus mandamientos que yo te prescribo hoy, también Jehová tu Dios te exaltará sobre todas las naciones de la tierra." (Deuteronomio 28:1) Por lo tanto: "Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura." (Marcos 16:15)



Fuente: http://www.discernir.info/reflexiones/discernir-entre-orar-y-actuar.php



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Paul Washer








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